miércoles, 24 de noviembre de 2010

Dura confesiòn de amor.

   Despuès de haberte escuchado 34 interminables minutos, contados por reloj , cerrè los ojos y mirè para mis adentros.

   Estaba pensando muy minuciosamente si pegarte fuerte en la cara , o levantarme, dejarte hablando solo y quitarte el saludo de por vida. Pero no sabia que hacer. De lo ùnico que estaba segura era que no queria que me vieras llorando. Tanto fue lo que pensè , que lo ùnico que saliò de mi fue apretar las làgrimas. Sabia que estabas esperando mi respuesta, pero no tenìa nada que decirte. 

   Abrì los ojos y una làgima me corriò por la cara, no me molestò. No era nada a comparaciòn de lo que iba a llorar cuando traspasara la puerta de mi habitaciòn. Ese lugar donde en el dìa a dìa entierro a màs de uno, riego los recuerdos que pasamos juntos y hasta hablo con mi Dios y mi Diablo. 


   Hoy que esta todo terminado, ya no te odio. Sè que hay personas que llegan por algo en especial, que las cosas pasan porque asì es como tiene que ser y que si no me mataste vos, no me mata nadie. Ahora todo me endurece.
Aunque todos sabemos que por màs frìa que paresca, no pierdo las ganas de encotrar un poco de amor puro. Solo tengo un escudo que intenta ahuyentar personas que quieran seguir endureciendome como lo hiciste vos ,intentando matarme, como lo hiciste vos. De todos modos gracias. Yo tambièn le hice mal a alguien y estoy segura que ni me acuerdo. Silencios son silencios.


Autor: Fiorella Sanfelippo Cancelli.
Editor: Paloma Ojeda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario